El hombre y el oso



Hoy toca hablar de pelos. Porque estamos en noviembre, claro. Bueno, perdón, porque estamos en Movember, el mes del mostacho por excelencia. Si en los últimos días os habéis preguntado por qué hay tantos caballeros bigotudos paseando como si estuviéramos en los años 20, la explicación tiene que ver con el cáncer de próstata. Durante todo el mes, miles de Mo-Bros de todo el mundo se dejarán crecer el pelo de encima de la boca como signo de su concienciación con enfermedades típicamente masculinas.
Pero con la concienciación sola no hacemos nada, claro. También es el mes en el que más fondos se recaudan en favor de investigaciones y proyectos relacionados con la erradicación de la enfermedad.

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Hablamos de pelos y de hombres, sí. Porque donde hay pelo hay alegría y porque no puede ser casualidad que nuestro cumpleaños coincida con el Día Internacional del Hombre. Hombres y pelos = bigote.
Y es ahí donde radica todo el meollo y a donde queríamos llegar. ¡A los bigotes! Porque los bigotes nos plantean, como al Dr. Repronto, muchas preguntas.

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La primera y principal es, claro, ¿por qué? Por qué esta moda de bigotear todo lo bigoteable que parece no tener fin. El bigote, en origen, fue símbolo de estatus, de sabiduría, de hombría, de clase. Nada más elegante que un buen mostacho bien formado y engominado. Poca broma con esto, ¿eh? Se han encontrado ejemplares con bigote del año 3000 a.C.


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Pero centrémonos en nuestro siglo. En los albores del XXI, ya no basta con llevar bigotón para ser hipster moderno. Lo que mola ahora es la representación del bigote. Una vuelta de tuerca a la simbología tradicional que, a nuestro juicio, resulta mucho más estética y cómoda. Chupetes, felpudos, calcamonias para los dedos, mochilas, carteras, tatuajes, pendientes, colgantes, anillos... ¡Todo! ¡Todo es susceptible de ser bigoteado!


Y todos somos bigoteables, claro. Porque gracias a esta sublimación del símbolo, el bigote ya no sólo aporta clase, elegancia y sabiduría a los hombres. Niños, mujeres y animales se unen a la moda estética del pelo que ya no es pelo y es forma. Nos cuentan los que han ido que en Candem, lo más de lo moderno, han llevado todo esto más allá y se venden bigotes postizos de pelo real. ¡Ja!

Gnomo

Cofundadora de Gnomo. Ha trabajado como periodista en España e Inglaterra. Es experta en leer obras por orden alfabético de autor, por lo que a veces encuentra joyas y otras pierde el tiempo de manera espantosa. Aficionada a la informática y a la cocina y fan del orden y el concierto (sobre todo de rock). @viudadealeman

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